viernes, 11 de enero de 2019

Nico Guglielmetti en INDIEHOY

Nací en 1981 en Bahía Blanca. Cursé estudios de letras en la Uns y formé parte de Vox Ruta 33 y EAPP (Escuela argentina de Producción Poética), ambos programas destinados a la formación de escritores emergentes. En 2008 fundé el periódico Ático del cual fui director hasta 2009. Ese mismo año fundé Nexo, proyecto cultural bahiense que comando hasta estos días y oscila entre el papel, la web, el formato radio e incursiones audiovisuales.
En poesía publiqué las plaquetas Cesar Palace (Ed. Semilla, 2009), Tres Dedo
(Ed. Niña Bonita, España 2011), La adolescencia del bostezo (Ed. Letras de Cartón, Chile 2012) y Bella Vista (Ed. Vox, Argentina 2015) y Cruzar el desierto (Colectivo Semilla, 2018).
Cruzar el desierto (Colectivo Semilla Ediciones, 2018) nació en 2015, instancia previa al ballotage Scioli-Macri, cuando ingresé a la EAPP (Escuela argentina de producción poética) una beca taller para escritores, bajo las órdenes de Sergio Raimondi, Marcelo Díaz, Omar Chauvié y Mario Ortiz entre otros.
Nació al calor de las preguntas que en el taller le hacíamos a Bahía y a la poesía. Los interrogantes se cruzaron también con otras disciplinas (la fotografía, la danza, el cine y la música) y poéticas, y surgió una serie de textos, que no quedó ajena al bombardeo mediático del contexto político y de la agenda que imponían las redes .
Las traducciones y lecturas de esos discursos formaron la serie y devinieron en un único poema XL. El desafío resulta mantener la tensión en lo que dura del viaje. Trabajar con diferentes discursos y resignificarlos ubicándolos en contextos ajenos (aparentemente).
Preguntas como hasta dónde es pertinente decir, cuales son los límites de la poesía, quién es el dueño de las palabras dieron el punto de partida de Cruzar el desierto. Sin embargo, estas no fueron las únicas: ¿Cuál es la ciudad que habitamos: la que talla “la historia oficial” o la que reconstruimos indagando los márgenes? ¿Qué festejamos cuando se conmemora la fundación de una ciudad?
¿Cuál es la función del poeta: tener la mayor cantidad de amigos que lo legitimen o ir otorgándole mayor espesor a las consignas más allá de nuestras afinidades? ¿Qué sucede con la experiencia a partir de las redes sociales? ¿Qué sucede cuando lo que parecía un chiste de mal gusto se convierte en un monstruo que te pisa la cabeza? ¿Es válida una poética que a medida que avanza va mostrando su biblioteca? Es algo de lo que puede encontrarse en el viaje de Cruzar el desierto.
Cuestionamientos hacia afuera y hacia adentro de la literatura, preguntas que encarnan respuestas en un libro, cuyo título principal es “Strawberry Fields Forever”, como tótem que insta a ir a estrellarnos contra la utopía (¿cuál?).
Y también, las anécdotas. Comienza con aquella que tiene como protagonista a Menem. Cuando era presidente vino a pescar tiburones a la ría local y a comer al taller mecánico de al lado de mi casa. Yo era chico, tengo un recuerdo vago, pero esa anécdota siempre fue reversionada en el barrio. Dicen que se sentó en el mismo tablón donde se juntan a comer todos los jueves en el taller y los custodios probaron su comida antes que él. Pensaba eso en tiempos de tanta invasión político discursiva y en qué pasaría si sucediera hoy. Pensaba si lo que escribimos no es una gran reversión… Pensaba en el peronismo como movimiento y afección popular. En la necesidad de recuperar la anécdota, en las voces, insertada en la poesía (si fuera el lugar adecuado).
Cuántas cosas así o, sin duda más bellas, se pierden en la oralidad, con el paso del tiempo. En el horizonte de esta recuperación, escuchaba a Alfio “el Coco” Basile decir que en una esquina de mi barrio, cuando él era un purrete de pantalones cortos, había visto una luz con forma de plato volador que lo hizo “enjabonar todo”. Recordaba que en ese lugar hoy hay un mural del “Che” Guevara. Claramente los espacios de la ciudad se rescriben y asumen otras textualidades que no dejan de contradecirse, por ejemplo, con el monopolio informativo de medios cómplices de las dictaduras argentinas, que hegemoniza la ciudad. Pensaba cómo será leído este lugar, que parece Springfield, este texto, que parece un viaje, por alguien de afuera: ¿afuera de dónde?, ¿de Bahía?, ¿de la literatura?
Cruzar el desierto tiene intenciones y una coincide con mis otros libros: la búsqueda de un lector participante, que arme sistemas, recoja las pistas y diseñe su propio rompecabezas. Ahí radica lo que más me seduce de la poesía: dejar sueltas sentencias que disparen a preguntas fundamentales, o viceversa. Un lector que se incomode en la lectura de un verso icónico de la poesía de los noventa en simultaneidad con una frase de campaña y un tweet fake. Las operaciones son infinitas.
Así se construyó Cruzar el desierto. Ahora es un artefacto literario dispuesto a la deconstrucción. Es difícil explicar una operación de escritura a través de sus temas, de los recursos o los procedimientos con los que se cuenta, pero acá estoy: proyectando una travesía que nunca va a ser la misma.

Strawberry fields forever
Yo no vi
las 50 famosas sombras
del señor Grey. Bueno, eso
Por el ojo del choto lo veo todo roto
decía hace una década Durand.
Me pregunto sobre lo avanzado.
#estamos en guerra
A todos los que vinieron a ser convencidos de la verdad
se les va a devolver su dinero si conservan el ticket.
En estas vastas dotaciones no hace mucho tiempo atrás
en nombre de la civilización
se ha destripado niños y violado mujeres.
¿Qué festejamos?
¿Esa agente del orden
vestida para matar
puede tocarme el pito
por cruzar a media cuadra?
Poner la palabra petroquímica en un poema
no te convierte en un intelectual comprometido
con el espacio mismo
donde estás produciendo.
Los que conversan sobre lo inconveniente del término material
se someten a un clientelismo paracultural
que les tiñe los dientes de violeta.
¿Con qué diario envolvemos los huevos?
Una chica que acaba de leer
deja sus borcegos y talismanes en el baúl
de un k último modelo.
¿Habré asistido a la muerte del autor?
Las cenizas del volcán Calbuco
caen sobre la tumba
de Diana Julio de Massot.
Un sexagenario con voz acatarrada
retumba y equilibra la mañana con su columna diaria.
Enhebra con oficio un dato inexacto y estadístico
de algunos de los Juegos Olímpicos que ha cubierto,
le inserta alguna problemática actual
y remata con una moraleja acorde a su doctrina fascista.
Es un método eficaz
con el que roba desde hace décadas
pero para un pueblo
de provincia está bien.
Ana trabaja hace dos años como pasante para el Jardín municipal.
Cada seis meses un letrado le da un contrato que no lee y debe firmar.
Se le cayeron dos mechones de pelo.
Su jefa dice que es por stress y que no es nada.
Ver el lado contaminante del asunto habla de una perspectiva acotada
sin embargo hace una hora que una junta de oftalmólogos
me pregunta de dónde vengo
mientras fijan una luz en lo profundo en mis ojos.
Eso que ves ahí es el deseo.
Eso que ves y se fue
es la gloria, el éxito paupérrimo
de los peces que mueren
tratando de decir algo
junto a un balde.
Aprovechando el natalicio de Ernesto Rafael Guevara Lynch
en Garay y San Lorenzo diferentes agrupaciones de izquierda
se reúnen a pintar un mural en el mismo sitio en el que años atrás
Alfio Basile en pantalones cortos aseguraba haber visto
un objeto volador no identificado que lo hizo enjabonar todo.
Con fe, con esperanza,
con convicción
deberían ser las palabras
que repite mentalmente
un soberano frente
a su primera cita.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Fisher y Los desquiciados, contextualizando la narrativa Guglielmetti




Estoy golpeado, la destrucción a punto de consumarse pero no. Me pongo a escribir esto que les leo hoy. Quince días antes, no debo spoilear la trama de Los desquiciados. Debo explicar que se trata de la precuela o el eco de otra novela llamada Fisher editada en 2016 por 17 GRISES y  que se construyó sobre la idea de reconstruir una ciudad partiendo de sus mitologías y creencias pero deformadas. Deformadas por el ojo y los sentidos de un tipo que no está en sus cabales. Así como Michael Douglas en un día de furia, o el carnicero de Gaspar Noe o Bombita Rodriguez pongamoslé. Seres serenos que por algún motivo pierden las formas  y se calientan poco por conservar el orden normal de nuestra decadencia. Nuestra decadente y ordenada vida de reglas impuestas por la sociedad de consumo de las cuales podría aburrirlos de ejemplos pero de las cuales solo voy a limitarme a decir que se reduce a  perseguir una zanahoria que nunca vamos a terminar de alcanzar... Pero me fui y volvamos. Debo hablar de Los desquiciados pero primeramente debo explicar Fisher: una novela inexplicable porque yo, el yo que narra y dirige las acciones de un montón de infradotados poniendo el caos en la ciudad ,desconoce o desecha de la estructura convencional o clásica de un relato.

Fisher y Los desquiciados están construidos para leer en el baño, de a cachos, de atrás  pal ante o como se te cante y supongo en parte que eso se lo debo a venir de la poesía… Un lenguaje donde el aire entre los textos(ergo lo omitido o a reponer) es tan importante como lo  propiamente escrito,pero me fui y volvamos. En Fisher hay tres ejes temporales:
Un pasado con Bahía llena de descampados e inmigrantes arrastrados por los favores del general Perón , un presente en el que por algún motivo hay una catástrofe  e impera el caos y un futuro posapocalíptico ligado a la ciencia ficción donde un grupo de bahienses lucha ya  por conservar la especie en un desierto radioactivo. En ese hecho se centra Los desquiciados,  en la posibilidad concreta de la destrucción y la desaparición…Y ahora bien ustedes me preguntarán ¿qué desaparición? ¿La desaparición de nosotros como ser individual?¿La desaparición  de lo bahiense? ¿De los bahienses? ¿La desaparición de lo que nosotros despreciamos de la ciudad?¿Qué posibilidad concreta existe de que esto suceda? ¿Existe? ¿En manos de quién? ¿La consideramos o solo está ahí como formando parte del agujero negro de nuestras conciencias?; ¿Nunca les pasa que a veces se hacen preguntas que en el mismo instante que se las formula quiere anular la respuesta? La otra vez fui a ver unos cerámicos a un famoso corralón de la ciudad. En su frente relucía majestuosa una gigantografía de iconos del deporte local ( creo que estaba Ginobili, Pepe Sanches y alguno más) los miraba y recordé cuando viví unos  4 años en White. A unos metros de las plantas del polo. Miraba esa gigantografía y pensaba que los bahienses miran así la destrucción… Como algo de cartón pintado que está ahí y no jode a nadie. ¿Lo piensan realmente???¿Lo pienso realmente? Me fui y volvamos; Así como en mi primer novela Fisher trabajé en la construcción de la ciudad exagerando sus mitologías y llevándolas al extremo de lo real, para construir Los desquiciados, el texto que cuenta o intenta dar cuenta de cómo y en manos de quién podemos volar todos por al carajo dejando un agujero negro en el mapa, para construir Los desquiciados, o sea la destrucción o desaparición, tuve que valerme de personajes despreciables;
Explicar qué circunstancias los arrastran a agruparse para sembrar el caos y elegír un tono fueron las dificultades mayores, pero si les digo más les cuento todo. Los desquiciados es un texto incómodo porque narra un episodio y un contexto incómodo. Se vale de señuelos e imágenes que saturan nuestros estímulos a diario como el sexo y la violencia pero hasta en ellas roza la incomodidad.  Es ese pensamiento que incomóda y está ahí. Vos sabés que va a ser para cagada pero querés saber igual, es una cascarita que te da placer rascar y movés a riesgo de que sangre pero me fui y volvamos.

Una vez una amiga, a la cual escucho mucho lo que opina sobre lo que escribo porque sabe poco del mundo literario, me preguntó qué necesidad tenia de mostrar siempre  la oscuridad.
Escribo historias con tramas complejas porque Bahía Blanca contrariamente a los inmaculado del nombre está atravesada por un entramado de relaciones socioculturales de alta complejidad. Escribo porque sueño con equilibrar el cosmos desde este pequeño espacio de resistencia que es la literatura. Escribo sobre los manejes de esta ciudad porque no encuentro otro lugar donde dejarlo sentado y siento que la literatura es el último lugar donde se van a venir a meter. Escribo para los que consideramos que Bahía puede ser una ciudad más habitable. Escribo y sueño. Cosas incomodas pero honestas al fin. Tómenlo o déjenlo. Gracias.

#este texto fue leído en la presentación conjunta de Hemisferio Derecho en su festejo por los 10 años de fundada la editorial en el marco del Primer Festival de Narrativa Bahia Blanca 2017

libros disponibles en La Másmedula Libros Alsina 155, local 22, Galería Jardín

jueves, 23 de noviembre de 2017

Sacar belleza de este caos es virtud. Acerca del Primer Festival de Narrativa de Bahia Blanca

La imagen puede contener: una o varias personas

Por Matias Marinozzi
En una coyuntura adversa, nadando a contracorriente del neoliberalismo avasallante que pretende llevarse todo por delante, NEXO artes y culturas, La Masmédula libros y Hemisferio Derecho Ediciones inauguraron el pasado fin de semana un nuevo espacio de construcción y difusión cultural: el Primer Festival de Narrativa de Bahía Blanca. Narradores y narradoras de la ciudad se reunieron con el público en una serie de actividades abiertas y gratuitas que incluyeron presentaciones de libros, lecturas, espectáculos musicales, feria de editoriales y una invaluable actuación del gran Mario Ortiz.
El patio de la Galería Jardín y el centro cultural Pez Dorado fueron escenario del despliegue de la heterogénea producción narrativa de la ciudad. Los géneros clásicos, en su variante de novela o narrativa breve, compartieron escena con proyectos experimentales como los de Nicolás Guglielmetti (Los desquiciados. Ed. Hemisferio Derecho), Claudio Dobal (Covers. Ed. Hemisferio Derecho) y Helen Turpaud que trabajan sobre el entrecruzamiento de géneros y exploran nuevas posibilidades en las formas y contenidos de la narrativa.
La creación de un espacio para la difusión de estos trabajos viene a enriquecer la proyección literaria de la ciudad, que ya cuenta con una reconocida tradición poética. En efecto, narrativa y poesía se cruzaron a lo largo de los dos días del festival y las fronteras entre ambos campos fueron problematizadas por Mario Ortiz en una charla que culminó con una alucinante puesta en voz del poema sobre el Club Hotel de Villa Ventana (Cuadernos de Lengua y Literatura volumen IV, Ed. Gog y Magog). La intensidad y el desahogo con que Mario leyó el texto representó, tal como él mismo sostuvo en las redes sociales, “la expresión de una necesidad de afirmar una palabra, un momento de comunión con amigos, de mandar al recontracarajo todo lo horrible de un momento en que la derecha y el (micro) fascismo muestran su rostro descarnado”.
Desde los medios de comunicación hegemónicos el lenguaje se devalúa y manipula cotidianamente para elaborar un relato que incentiva el odio, señala enemigos, estigmatiza lo popular y colectivo e invita a cada cual a replegarse en la vida privada y ocuparse solo de los problemas personales. En esa dirección avanza el desguace cultural que pesa sobre Bahía Blanca, en arrebatar espacios de reunión, expresión y construcción de sentido de los sectores populares. Por eso, los espacios culturales organizados desde abajo y en base a un trabajo colectivo son una verdadera incomodidad para un proyecto político que emplea la palabra paz como eufemismo de desmovilización social y orden. En un contexto así, frente a la devaluación del lenguaje, y de la cultura en general, proyectos como el nuevo Festival de Narrativa no solo ofrecen espacios de revalorización de la palabra a partir de la difusión de los diversos proyectos de escritura, sino que, a su vez, se constituyen en espacios de construcción de relatos alternativos fundados en el respeto, el afecto y la integración social. En el Festival de Narrativa la literatura fue el fogón en torno al cual las personas se reunieron para escucharse, compartir trabajos, ideas, opiniones y reconfortarse mutuamente en un momento en que la pluralidad de voces en el debate público empieza a ser la excepción.
Los pedidos de justicia por el caso de Santiago Maldonado, el descontento por la persecución mediática a docentes y la preocupación por el desguace cultural que los organizadores, los narradores, las narradoras y el público pusieron de manifiesto durante las jornadas del festival dejan en claro que del camino antisocial que pretende naturalizarse solo podremos salir construyendo un horizonte colectivo.

martes, 6 de junio de 2017

Voces narrativas, travesías y viajes en el tiempo Fisher y los refugiados, de Nicolás Guglielmetti, Buenos Aires/ Bahía Blanca, 17 grises editora, 2016.

Claudio Dobal

Voces narrativas, travesías y viajes en el tiempo
Fisher y los refugiados, de Nicolás Guglielmetti, Buenos Aires/ Bahía Blanca, 17 grises editora, 2016.
La literatura al principio es así hasta que el capitalismo te mete atrás de un mostrador.
Nicolás Guglielmetti

No es una tarea sencilla reseñar Fisher y los refugiados, la primera novela del poeta bahiense Nicolás Guglielmetti.
No es fácil, digo, reseñar una novela que, a diferencia de la propuesta poética de este escritor, por un lado deja muchísimas libertades interpretativas a quien lee, pero por el otro apunta, desde el mismo comienzo y por medio de una sucesión vertiginosa de escenas contrapuestas, a una destrucción constante de cualquier herramienta, certeza o comodidad lectora.
Pero más allá de la dificultad (que trasunta en la seguridad de no poder abarcar en la reseña sino apenas uno de los muchos recorridos de lectura posible), se puede comenzar planteando que este proyecto de escritura tan libertario y destructivo utiliza, como principal recurso, un narrador en primera persona que resulta ser una máscara discursiva en la cual se esconden, simultáneamente, tanto el protagonista, como los vestigios autobiográficos del propio Guglielmetti, como esa voz omnisciente que habla, fugazmente, del Narigón, de los refugiados, de la ciudad, y de su historia.
Un narrador que en muchas oportunidades utiliza las oraciones como elemento máximo de sentido, y las va aglomerando, encabalgando una tras otra, como si se tratara de un poema beatnik; y que en otras circunstancias resulta meticuloso con los datos, y solo cambia nombres de terceros por apodos sin mayúsculas, vaya uno a saber bien por qué; que lleva el monólogo interior a lo más interior y más monológico que el texto le permite y que, pese a todo esto, nunca cae en una inflación del yo, sino todo lo contrario, que deja mucho para que el lector comparta en la conformación final del relato.
Y es así como el texto va obligando al lector a abandonar la falsa seguridad de saber quién es el que está hablando. De quién es ese narrador que dice, al comienzo, que se debe tener un conocimiento previo que le permita ubicarse en el contexto de la historia; que va ofertando un montón de información variadísima; y que al final, muy al final, informa que en realidad no se necesitaba saber nada de antemano para abordar el texto.
Y esta idea final quizá sea la manera justa de abordar esta novela: quizá la idea sea ingresar en éste, o en cualquier texto, y solo dejarse llevar por lo que el mismo texto propone, sin pretensiones de imponerle un marco de lectura; dejarse llevar a la deriva, para luego, una vez alcanzado el destino aparente, si se quiere, revisar toda la travesía y encontrarle, reitero, si se quiere, algún sentido a la misma.
Y digo “travesía” porque si hay algo que, más allá de todo lo dicho, sí queda claro es que Fisher y los refugiados es una novela en la que el espacio y su recorrido tienen un rol fundamental. Que Fisher y los refugiados atraviesa y está atravesada por la ciudad de Bahía Blanca. Esa misma ciudad que se hace presente, aunque de un modo completamente diferente, en el poemario Bella Vista (Ediciones Vox, 2015) del mismo autor.
En sí, para quienes no conocen Bahía Blanca, la novela de Guglielmetti va develando sus puntos más importantes, sus zonas de confort y sus zonas prohibidas, conjugando unas con otras en un croquis que permite ser pensado como una guía para que cualquier visitante sepa caminar esas calles. Qué cosas ir a ver, y con qué ojos verlas.
Pero, a su vez, para quienes sí son habitués de esas veredas, la novela los va llevando por lugares que, seguramente, alguna vez transitaron. Es un volver al barrio, pero sin los anteojos adolescentes que impedían ver ciertas realidades, o mejor dicho, con otros anteojos, tal vez más alucinados, que justamente dejan ver ese fragmento bahiense que está a medio camino entre la realidad concreta y sus mitos y leyendas.
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domingo, 7 de febrero de 2016

Bella Vista, Vox Ediciones 2015

"Aprender a mirar nuestro barrio con la atención que se pone en Constantinopla. Bajó esa consigna el autor construye relatos que parten de lo cotidiano y se proyectan hacia lo universal. La nostalgia emotiva de esa patria que es la infancia con sus idolos acá mostrados desde el barro y el recuerdo de los que ya no están y se materializan a travez de los grafitys, las casas, los estadios y las voces..."
La presentación estará a cargo de Agustín Hernandorena, se leerán poemas, degustarán vinos y aprovechando la velada los asistentes podrán recorrer El Galpón Enciclopédico y descubrir reliquias  del barrio todo amenizado por los tangos de Lindo Balurdo. Así que ya saben la cita es el Domingo 13 de Diciembre a las 19 30 hs en la Calle San Lorenzo 710( subiendo por Brandsen en dirección al Parque Independencia doblan a la derecha donde ven el cartel de Panadería Aurora) hay brindis, poemas, gotanes y un cacho de historia.




A este poema le cabria “Empire State”

Pero lamento decirte que de estas hojas deportivas
colocadas para evitar que la pintura sintética de un cielorraso cremita
guasqueé el porcelanato  sobresale la esbelta figura de Mandinga Percudani
 y en torno a la foto se han rendido los muchachos que alimentan el mito popular
que en el club todos tienen derecho a opinar y nadie hace un carajo.

Se ve a Mandinga con una porra importante,
shorcito Kempes y medias altas sin canilleras.

De la misma se desprende que Le Coq
todavía no había introducido el poliéster
en la fabricación de las medias.

Seguían porfiando con la toalla.
Pero claro, los diseñadores de indumentaria
( no sé por aquella época bajo que nomenclatura actuarían)
no tienen la más puta idea de lo importante que es a fines de la concentración
el material con que esté confeccionada esa prenda.

En algunos casos puede evitar la muerte por amputación
y en casos más factibles evita los calambres.
Si la media aprieta da calor y obliga a bajarlas
ofreciéndose en bandeja al defensa.

Para esos tipos son como una quinceañera en minifaldas.

Comencé esto diciendo que quedaría lindo poner  Empire State
 Mientras los muchachos siguen en otras búsquedas pelotudas.
Dicen que Mandinga le debe besar las bolas
en el centro del Libertadores de América al Bocha
pero el que aprieta el puño y eleva glosa
contra la parcialidad entololada es él
y  ahí en el mano a mano estás vos.

Tres horas después mis gotas caen desde la frente
hasta el busto estampado de Cherkis Vialo.
Ahora en el club se habla de regímenes totalitarios.
Señores que se ajustan pantalones encima del ombligo
me ofrecen un trago de cerveza y recuerdan la vez que ellos donaron
los cortinados para la sala de reuniones de la antigua comisión de damas.

Me queda casi nada.
El club jamás vera la revolución.
Saco a mandinga.

Me lo llevo
para algún lugar mejor
entre los trofeos de casa.

Fisher y los refugiados de Nicolàs Guglielmetti 17grises editora

Fragmento
"En los altoparlantes de Rostock suena el polaco. Por la cola. Garay lo peina a contrapierna como marca el manual. Con eso va a vencer la guardia endeble del último piringundín del delta y Pigu de acá y de allá. Asados espeluznantes. Festines en las cuclillas. Preparados y brebajes varios donde refalan las pasacarteles. El Tono y el Leche yacen dormidos, abombados por el monóxido. Carrerita se va a salvar por quedarse sin puchos al igual que el gordo que será encontrado con vida dos meses después en un ático perdido de un club abnegado. Una nación movible en el medio de un área atestada de cadáveres y células dormidas. Menos mal que estamos en la parte alta de la ciudad. El gordo quedó chapita a pesar del juramento hipocrático de no ventilar jamás cómo sobrevivió ese tiempo. Cuando revisamos los padrones y la acefalia recorremos las irregularidades del club social y la intención de los interventores que estaban por sanearlo hasta el día de la tragedia. Ya se veía un atisbo de identificación y herencia por parte de los púberes cuando una falla humana se cargó todo: vitalicios, milicia, hackers y voluntariosos varios."


Hasta fines de febrero continuan los ofertones de 17grises editora
"lanzamos en precio preventa los COMBOS VERANO: apto para el mar, las sierras, la pileta, el paseo o el parque.
No dejes de llevarte una buena lectura con el mate: nuestros créditos locales Nico Guglielmetti y su "Fisher y los refugiados", Marcelo Díaz y "Blaia", combinados con nuestro crédito capitalino Seba Hernáiz y "Las citas", por menos de lo que te sale un bronceador o unas ojotas"
1 -Combo bahiense: Fisher + Blaia
2 -Combo BHIBA: Las citas + Blaia
3 -Combo novedad: Fisher + Las citas

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Si querés chusmear lo que se ha dicho sobre los libros en Tiempo Argentino, La Nación o Revista ñ ingresá en:

http://www.lanacion.com.ar/186
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/libros-leeremos-2016_0_1513648639.html
5167-los-independientes-suben-la-apuesta

http://www.niapalos.org/?p=21736 


sábado, 22 de marzo de 2014

El camino de la leche


adrien broner
un simple doble de buba (el de forest gump)
tilda a maidana de indio y pretende en dicho acto

 endirgarle un tinte peyorativo
al desconocimiento de su lengua materna;

"le quedaron las piernas como un saché de leche"
dispararon desde un rincón de la cantina del club social
en una madrugada cálida

el chino como siempre
habló con los puños