martes, 6 de junio de 2017

Voces narrativas, travesías y viajes en el tiempo Fisher y los refugiados, de Nicolás Guglielmetti, Buenos Aires/ Bahía Blanca, 17 grises editora, 2016.

Claudio Dobal

Voces narrativas, travesías y viajes en el tiempo
Fisher y los refugiados, de Nicolás Guglielmetti, Buenos Aires/ Bahía Blanca, 17 grises editora, 2016.
La literatura al principio es así hasta que el capitalismo te mete atrás de un mostrador.
Nicolás Guglielmetti

No es una tarea sencilla reseñar Fisher y los refugiados, la primera novela del poeta bahiense Nicolás Guglielmetti.
No es fácil, digo, reseñar una novela que, a diferencia de la propuesta poética de este escritor, por un lado deja muchísimas libertades interpretativas a quien lee, pero por el otro apunta, desde el mismo comienzo y por medio de una sucesión vertiginosa de escenas contrapuestas, a una destrucción constante de cualquier herramienta, certeza o comodidad lectora.
Pero más allá de la dificultad (que trasunta en la seguridad de no poder abarcar en la reseña sino apenas uno de los muchos recorridos de lectura posible), se puede comenzar planteando que este proyecto de escritura tan libertario y destructivo utiliza, como principal recurso, un narrador en primera persona que resulta ser una máscara discursiva en la cual se esconden, simultáneamente, tanto el protagonista, como los vestigios autobiográficos del propio Guglielmetti, como esa voz omnisciente que habla, fugazmente, del Narigón, de los refugiados, de la ciudad, y de su historia.
Un narrador que en muchas oportunidades utiliza las oraciones como elemento máximo de sentido, y las va aglomerando, encabalgando una tras otra, como si se tratara de un poema beatnik; y que en otras circunstancias resulta meticuloso con los datos, y solo cambia nombres de terceros por apodos sin mayúsculas, vaya uno a saber bien por qué; que lleva el monólogo interior a lo más interior y más monológico que el texto le permite y que, pese a todo esto, nunca cae en una inflación del yo, sino todo lo contrario, que deja mucho para que el lector comparta en la conformación final del relato.
Y es así como el texto va obligando al lector a abandonar la falsa seguridad de saber quién es el que está hablando. De quién es ese narrador que dice, al comienzo, que se debe tener un conocimiento previo que le permita ubicarse en el contexto de la historia; que va ofertando un montón de información variadísima; y que al final, muy al final, informa que en realidad no se necesitaba saber nada de antemano para abordar el texto.
Y esta idea final quizá sea la manera justa de abordar esta novela: quizá la idea sea ingresar en éste, o en cualquier texto, y solo dejarse llevar por lo que el mismo texto propone, sin pretensiones de imponerle un marco de lectura; dejarse llevar a la deriva, para luego, una vez alcanzado el destino aparente, si se quiere, revisar toda la travesía y encontrarle, reitero, si se quiere, algún sentido a la misma.
Y digo “travesía” porque si hay algo que, más allá de todo lo dicho, sí queda claro es que Fisher y los refugiados es una novela en la que el espacio y su recorrido tienen un rol fundamental. Que Fisher y los refugiados atraviesa y está atravesada por la ciudad de Bahía Blanca. Esa misma ciudad que se hace presente, aunque de un modo completamente diferente, en el poemario Bella Vista (Ediciones Vox, 2015) del mismo autor.
En sí, para quienes no conocen Bahía Blanca, la novela de Guglielmetti va develando sus puntos más importantes, sus zonas de confort y sus zonas prohibidas, conjugando unas con otras en un croquis que permite ser pensado como una guía para que cualquier visitante sepa caminar esas calles. Qué cosas ir a ver, y con qué ojos verlas.
Pero, a su vez, para quienes sí son habitués de esas veredas, la novela los va llevando por lugares que, seguramente, alguna vez transitaron. Es un volver al barrio, pero sin los anteojos adolescentes que impedían ver ciertas realidades, o mejor dicho, con otros anteojos, tal vez más alucinados, que justamente dejan ver ese fragmento bahiense que está a medio camino entre la realidad concreta y sus mitos y leyendas.
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domingo, 7 de febrero de 2016

Bella Vista, Vox Ediciones 2015

"Aprender a mirar nuestro barrio con la atención que se pone en Constantinopla. Bajó esa consigna el autor construye relatos que parten de lo cotidiano y se proyectan hacia lo universal. La nostalgia emotiva de esa patria que es la infancia con sus idolos acá mostrados desde el barro y el recuerdo de los que ya no están y se materializan a travez de los grafitys, las casas, los estadios y las voces..."
La presentación estará a cargo de Agustín Hernandorena, se leerán poemas, degustarán vinos y aprovechando la velada los asistentes podrán recorrer El Galpón Enciclopédico y descubrir reliquias  del barrio todo amenizado por los tangos de Lindo Balurdo. Así que ya saben la cita es el Domingo 13 de Diciembre a las 19 30 hs en la Calle San Lorenzo 710( subiendo por Brandsen en dirección al Parque Independencia doblan a la derecha donde ven el cartel de Panadería Aurora) hay brindis, poemas, gotanes y un cacho de historia.




A este poema le cabria “Empire State”

Pero lamento decirte que de estas hojas deportivas
colocadas para evitar que la pintura sintética de un cielorraso cremita
guasqueé el porcelanato  sobresale la esbelta figura de Mandinga Percudani
 y en torno a la foto se han rendido los muchachos que alimentan el mito popular
que en el club todos tienen derecho a opinar y nadie hace un carajo.

Se ve a Mandinga con una porra importante,
shorcito Kempes y medias altas sin canilleras.

De la misma se desprende que Le Coq
todavía no había introducido el poliéster
en la fabricación de las medias.

Seguían porfiando con la toalla.
Pero claro, los diseñadores de indumentaria
( no sé por aquella época bajo que nomenclatura actuarían)
no tienen la más puta idea de lo importante que es a fines de la concentración
el material con que esté confeccionada esa prenda.

En algunos casos puede evitar la muerte por amputación
y en casos más factibles evita los calambres.
Si la media aprieta da calor y obliga a bajarlas
ofreciéndose en bandeja al defensa.

Para esos tipos son como una quinceañera en minifaldas.

Comencé esto diciendo que quedaría lindo poner  Empire State
 Mientras los muchachos siguen en otras búsquedas pelotudas.
Dicen que Mandinga le debe besar las bolas
en el centro del Libertadores de América al Bocha
pero el que aprieta el puño y eleva glosa
contra la parcialidad entololada es él
y  ahí en el mano a mano estás vos.

Tres horas después mis gotas caen desde la frente
hasta el busto estampado de Cherkis Vialo.
Ahora en el club se habla de regímenes totalitarios.
Señores que se ajustan pantalones encima del ombligo
me ofrecen un trago de cerveza y recuerdan la vez que ellos donaron
los cortinados para la sala de reuniones de la antigua comisión de damas.

Me queda casi nada.
El club jamás vera la revolución.
Saco a mandinga.

Me lo llevo
para algún lugar mejor
entre los trofeos de casa.

Fisher y los refugiados de Nicolàs Guglielmetti 17grises editora

Fragmento
"En los altoparlantes de Rostock suena el polaco. Por la cola. Garay lo peina a contrapierna como marca el manual. Con eso va a vencer la guardia endeble del último piringundín del delta y Pigu de acá y de allá. Asados espeluznantes. Festines en las cuclillas. Preparados y brebajes varios donde refalan las pasacarteles. El Tono y el Leche yacen dormidos, abombados por el monóxido. Carrerita se va a salvar por quedarse sin puchos al igual que el gordo que será encontrado con vida dos meses después en un ático perdido de un club abnegado. Una nación movible en el medio de un área atestada de cadáveres y células dormidas. Menos mal que estamos en la parte alta de la ciudad. El gordo quedó chapita a pesar del juramento hipocrático de no ventilar jamás cómo sobrevivió ese tiempo. Cuando revisamos los padrones y la acefalia recorremos las irregularidades del club social y la intención de los interventores que estaban por sanearlo hasta el día de la tragedia. Ya se veía un atisbo de identificación y herencia por parte de los púberes cuando una falla humana se cargó todo: vitalicios, milicia, hackers y voluntariosos varios."


Hasta fines de febrero continuan los ofertones de 17grises editora
"lanzamos en precio preventa los COMBOS VERANO: apto para el mar, las sierras, la pileta, el paseo o el parque.
No dejes de llevarte una buena lectura con el mate: nuestros créditos locales Nico Guglielmetti y su "Fisher y los refugiados", Marcelo Díaz y "Blaia", combinados con nuestro crédito capitalino Seba Hernáiz y "Las citas", por menos de lo que te sale un bronceador o unas ojotas"
1 -Combo bahiense: Fisher + Blaia
2 -Combo BHIBA: Las citas + Blaia
3 -Combo novedad: Fisher + Las citas

 Desde bahía o baires mandá combo a 17grises@gmail.com y aprovechá los importantes descuentos.

fan page www.facebook.com/diecisiete.grises

Si querés chusmear lo que se ha dicho sobre los libros en Tiempo Argentino, La Nación o Revista ñ ingresá en:

http://www.lanacion.com.ar/186
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/libros-leeremos-2016_0_1513648639.html
5167-los-independientes-suben-la-apuesta

http://www.niapalos.org/?p=21736 


sábado, 22 de marzo de 2014

El camino de la leche


adrien broner
un simple doble de buba (el de forest gump)
tilda a maidana de indio y pretende en dicho acto

 endirgarle un tinte peyorativo
al desconocimiento de su lengua materna;

"le quedaron las piernas como un saché de leche"
dispararon desde un rincón de la cantina del club social
en una madrugada cálida

el chino como siempre
habló con los puños

lunes, 24 de septiembre de 2012

Maravilla Martinez vs Julio Cesar Chavez





Del quintometatarzo para allá
del cuarto en adelante
me fui de boca
bailo
retrocedo

Fantino ha certificado mi historia
Salgo en autobomba en eeuu
pero en Quilmes no me juna ni el loro

Mi tio sale a hablar de los comienzos
y cuando le preguntan si habló conmigo contesta con evasivas

¿existe algo más denigrante que te digan junior?
¿Hay algo menos argento que hablar como machito ponce?

Te voy a hacer saludar cada vez que no pueda ir a fondo
Replantear a partir de la fisura todo los planes

A partir de cierto punto no hay vuelta atrás

Papá te da un piquito antes de empezar

Un discurso chino





A él no lo manijéa nadie excepto el Golden Boy
Charito empieza a dudar sobre su eficacia,
Falucho Laciar que a duras penas enhebra una frase
 pega abajo desentendiéndose de los códigos que tienen los del mismo gremio


Una, dos, tres manos a pleno
son suficiente para darlos 
vuelta como una media 

“el crédito del pegador”

El arbitro se apura a pararla

miércoles, 1 de agosto de 2012